Si estás leyendo esto, probablemente te estás planteando contratar a un consultor SEO que trabaje por su cuenta, sin agencia detrás. Quizá tu web no vende como esperabas, quizá un competidor te ha adelantado en Google o quizá alguien te ha ofrecido «posicionarte» por un precio que no sabes si es razonable. Yo soy Ángel del Soto, trabajo como consultor SEO y GEO, y en este artículo te doy mi visión de las ventajas, los riesgos y la forma de elegir bien. Lo hago con transparencia: yo mismo soy parte interesada, así que te voy a explicar también cuándo no te conviene contratar a alguien como yo.
No voy a darte precios ni promesas de posiciones. Los precios dependen del alcance y las promesas de posiciones, como verás más abajo, son precisamente una de las señales de alarma que la propia Google señala. Lo que sí voy a darte es un método para evaluar a cualquier profesional, incluido yo.
Si todavía estás en la fase de entender qué es exactamente lo que hace este perfil, antes de seguir te recomiendo mi guía sobre qué hace un consultor SEO, y si dudas entre trabajar con una persona o con una empresa, la comparativa de consultor SEO o agencia SEO.
Un consultor SEO freelance es un profesional independiente que analiza tu web, detecta qué impide que Google la entienda o la muestre, propone un plan de mejoras y, según el acuerdo, las ejecuta o acompaña a tu equipo para que las ejecute. Trabaja directamente contigo, sin capas intermedias: la persona que te vende el servicio es la misma que hace el trabajo.
Lo que no es: no es un mago que «hace que salgas primero», no es una herramienta automática y no controla a Google. El SEO consiste en reducir obstáculos técnicos, mejorar la utilidad del contenido y ayudar a que tu web sea la mejor respuesta a lo que busca tu cliente. Los resultados dependen de la competencia, del estado de partida de tu web, de tu sector y de decisiones de los buscadores que nadie puede prever.
Cada modalidad tiene sentido en situaciones distintas. Una tienda pequeña con un desarrollador de confianza puede necesitar solo el diagnóstico; un negocio sin equipo técnico probablemente necesite ejecución. Lo importante es que el alcance quede escrito antes de empezar.
No todo son ventajas ni todo son inconvenientes, pero hay razones concretas por las que muchos negocios prefieren a un profesional independiente. Estas son las que yo veo en mi trabajo diario.
Cuando hablas con el consultor, hablas con quien analiza tu web y toma las decisiones. No hay un comercial que te vende una cosa y un equipo distinto que la ejecuta. Esto reduce malentendidos y acorta los tiempos de respuesta: si surge una duda, la resuelves con la persona que conoce el caso.
Un profesional independiente suele poder ajustar el servicio a tu situación: una revisión inicial, una temporada de acompañamiento, una tarea concreta. En una estructura grande es más habitual encontrarse con paquetes cerrados. Esto no es una regla universal, pero sí una tendencia que valoran quienes necesitan algo a medida.
Un freelance se juega su reputación en cada proyecto. Eso no garantiza calidad, pero sí implica que cada cliente es una referencia directa. Por eso es razonable pedirle ejemplos de trabajos anteriores y contactar con antiguos clientes, algo que la propia Google recomienda hacer.
Con una sola persona al mando es más sencillo exigir que te explique cada cambio y su motivo. Esa es, precisamente, una de las preguntas que Google sugiere hacer: si el profesional compartirá todos los cambios que realiza y explicará su razonamiento.
Mi criterio
Una buena señal de un consultor es que sea capaz de explicarte, con palabras sencillas, qué va a tocar, por qué y cómo se medirá. Si no puede o no quiere, desconfía, sea freelance, agencia o cualquier otro formato.
Contratar a una persona sola también tiene riesgos. Los menciono porque prefiero que decidas con los ojos abiertos.
Ninguno de estos riesgos es una razón para descartar a un freelance. Son condiciones que se gestionan con un buen acuerdo de trabajo y con una persona honesta. Si quieres ver cómo planteo yo la parte de transparencia, la explico más adelante en la sección sobre las propuestas.
No existe una respuesta universal. Lo que sí existe es una forma ordenada de decidir: mira el tamaño de tu proyecto, la urgencia, tu capacidad de seguimiento y el tipo de necesidad.
Mi consejo es no empezar por el formato, sino por la pregunta: ¿qué problema concreto quiero resolver y qué necesito para resolverlo? Con eso claro, el formato se deduce casi solo.
Si tu caso es el de una tienda online, te puede interesar también mi guía de SEO para tiendas online, donde explico en qué se diferencia el trabajo cuando hay catálogo, categorías y fichas de producto.
Google publica una página oficial titulada «¿Necesitas un SEO?» en su documentación para propietarios de sitios. No es una guía para venderte nada: es una guía para que no te engañen. Te resumo con mis palabras lo que dice, porque creo que cualquier persona que vaya a contratar este servicio debería leerla.
Hay dos ideas de esa lista que me parecen especialmente importantes. La primera es la del acceso de solo lectura: no hay ninguna razón para dar acceso de escritura a tu cuenta de Search Console a alguien que solo va a hacer un diagnóstico. La segunda es la responsabilidad final: si un proveedor hace algo que perjudica a tu web, el problema es tuyo. Por eso importa tanto entender lo que se hace.
Sobre las garantías
Según la propia Google, nadie puede garantizar el primer puesto. Y si alguien te asegura que sus cambios te darán el primer lugar en los resultados, la recomendación oficial es buscar a otra persona. Esta frase resume mi opinión sobre las promesas de posiciones.
La documentación de Google propone una serie de preguntas muy útiles. Yo las he ordenado y les he añadido algunas de mi cosecha. Úsalas con cualquier candidato, incluido yo.
Las respuestas importan, pero la forma de responder importa casi tanto. Fíjate en si la persona escucha, concreta y reconoce lo que no sabe. La honestidad sobre los límites del SEO es, para mí, la mejor señal de que estás hablando con un profesional.
La misma página de Google enumera advertencias que yo comparto al cien por cien. Las resumo y añado contexto.
Cuando un consultor te envía una propuesta, no la valores por la extensión sino por la claridad. Una propuesta útil responde, como mínimo, a las siguientes cuestiones.
Si una propuesta es un párrafo genérico y un importe, pide más detalle. Si te dicen que «ya lo irán viendo sobre la marcha», pide por escrito al menos el alcance de la primera fase. No te estoy pidiendo un contrato de cien páginas: te pido claridad suficiente para que los dos sepáis qué se espera.
Como ves, no menciono precios. Cada proyecto es distinto y no creo en las cifras genéricas. Lo que sí te recomiendo es comparar propuestas por alcance y método, no por importe a secas, porque dos servicios con el mismo nombre pueden ser cosas muy diferentes.
Para que sepas qué esperar, te cuento cómo suelo estructurar yo una colaboración. Es mi forma de trabajar y no tiene por qué coincidir con la de otros profesionales, pero te sirve de referencia.
Antes de abrir ninguna herramienta, hablamos de tu negocio: qué vendes, a quién, qué te diferencia, cuáles son tus márgenes de interés y quiénes son tus competidores reales. El SEO sin contexto de negocio produce tráfico que no se convierte en clientes.
Reviso el estado técnico de la web, la estructura de contenidos, la visibilidad actual, los datos de Search Console y la analítica. El resultado es una lista priorizada de hallazgos: lo que bloquea, lo que frena y lo que simplemente se puede mejorar.
Con el diagnóstico, se define un plan ordenado por impacto y esfuerzo. Aquí es donde se decide qué se hace primero y quién lo hace: tu equipo, tu desarrollador o yo.
Se aplican los cambios con registro de lo que se toca y por qué. Después se mide y se ajusta. Un cambio sin medición es una apuesta; con medición, es un aprendizaje.
Al final de cada fase se revisa qué se ha conseguido y qué toca ahora. A veces el siguiente paso es seguir; otras veces es parar y dejar trabajar al tiempo. Un consultor honesto te lo dirá aunque eso signifique cobrar menos.
Google lo dice con claridad: en muchos negocios pequeños se puede hacer una parte importante del trabajo por cuenta propia. Contratar no tiene por qué ser el primer paso. Si dedicas unas horas a estas comprobaciones, llegarás a la conversación con un consultor mucho mejor preparado, y eso te protege.
Un objetivo claro ahorra dinero. «Quiero salir en Google» no es un objetivo. «Quiero recibir más consultas de clientes en mi ciudad para este servicio concreto» sí lo es. Cuanto más concreto, más fácil será que un consultor te diga si es alcanzable y cómo.
Si dispones de datos de analítica o de Search Console, guárdalos: te servirán de punto de partida. No necesitas interpretarlos, solo conservarlos. Cuando un consultor te pregunte «¿desde cuándo ha bajado esto?», podrás responder con hechos.
Si tu web es una tienda online, te recomiendo también revisar mi guía de auditoría SEO: explica qué se revisa y qué puedes esperar de ella, para que entiendas qué estás comprando.
Para un primer diagnóstico, el consultor normalmente solo necesita ver datos, no modificarlos. Concede accesos de lectura y reserva los de escritura para cuando haya un acuerdo y un alcance definidos, tal como recomienda Google.
Una de las partes más delicadas de contratar SEO es saber si el dinero está bien invertido. Aquí no te voy a dar cifras ni plazos porque dependen de cada caso y no dispongo de ningún dato oficial que pueda aplicarse a tu web. Lo que sí te puedo dar es un marco de seguimiento honesto.
Antes de ver más ventas, suelen aparecer señales intermedias: páginas que empiezan a indexarse, impresiones que crecen en Search Console, consultas nuevas que antes no aparecían, errores técnicos que desaparecen. Son indicios, no resultados finales, pero indican que el trabajo avanza en la dirección correcta.
Lo que de verdad importa son las consultas, los pedidos y los ingresos que llegan desde Google. Pide que el consultor te ayude a medirlos con tu analítica, y recuerda que la atribución nunca es perfecta: parte de tus clientes te encontrará en Google pero tomará contacto por teléfono o directamente por otra vía.
Un informe lleno de gráficos no es sinónimo de resultados. Pregunta siempre qué indicador está relacionado con tu objetivo de negocio. Si el informe habla de «autoridad» o «puntuaciones» de herramientas de terceros sin relación con tus clientes, pregunta qué significan y por qué importan; recuerda además que Google no avala ninguna herramienta de terceros.
Acordad un calendario de revisiones: qué se ha hecho, qué se ha medido, qué se aprende y qué se hará después. Si pasan meses sin reunión ni informe, tienes un problema de comunicación que conviene resolver cuanto antes.
Una regla útil
Si no puedes explicar con tus propias palabras qué se ha hecho en tu web durante el último mes y por qué, es momento de pedir una conversación y un informe más claro.
Evitar estos nueve errores no garantiza el éxito, pero reduce mucho la probabilidad de un mal resultado y de una mala experiencia con el proveedor.
Te lo digo yo, que vivo de esto: hay situaciones en las que contratar a un consultor SEO no es lo más conveniente.
Un consultor honesto te dirá si todavía no te conviene contratar. En mi caso, prefiero perder un proyecto a empezar uno que no puede funcionar.
Para aterrizar todo lo anterior, te planteo cuatro situaciones ficticias. No son clientes reales ni cifras reales: son escenarios para que veas cómo aplicaría el criterio.
Una clínica pequeña tiene una web que nadie toca desde hace años. Quiere más citas. Lo primero que haría un buen consultor es comprobar los datos del negocio en Google, revisar que la web carga bien en móvil y que cada servicio tiene su propia página con información útil. Probablemente bastaría con una auditoría y un plan de mejoras modesto, ejecutado por quien gestione la web. Contratar un servicio de ejecución completa mensual quizá no sea lo más sensato al principio.
Una tienda tiene cientos de productos y muchas categorías. Sospecha que Google no indexa bien su catálogo. Aquí el diagnóstico técnico es clave: estructura de categorías, páginas duplicadas por filtros, enlazado interno. Es un caso donde tiene sentido un acompañamiento más largo, con tareas técnicas y de contenido. Lo razonable es empezar por una fase de diagnóstico con alcance cerrado y decidir después.
Una empresa recibe un correo que promete «posicionar en primera página en pocas semanas». Siguiendo las advertencias de Google, el primer filtro es claro: correo no solicitado y promesa de resultado. Lo sensato es no responder con accesos ni datos y, si hay interés en SEO, buscar un profesional con referencias comprobables y propuesta por escrito.
Si llevas meses con un proveedor y no sabes qué se ha hecho, pide un informe de cambios realizados y de indicadores acordados. Si no existe, solicita una reunión. Si tras ella sigue sin haber claridad, un segundo diagnóstico independiente puede ayudarte a decidir si continuar. Pide siempre que los accesos y la documentación estén a tu nombre.
Estos casos son orientativos. Tu situación tendrá matices propios, y precisamente por eso conviene hablar antes de decidir.
La primera conversación decide mucho. Si llegas preparado, el consultor puede darte una opinión útil desde el primer momento y tú podrás evaluar su criterio. Te propongo una preparación sencilla, de una hora o menos.
Además de las diez preguntas de la sección anterior, hay tres que me parecen especialmente reveladoras. La primera: «¿Qué harías en las primeras dos semanas?». Un buen consultor describe un método, no un catálogo de promesas. La segunda: «¿Qué cosas no puedes prometerme?». Quien conoce el oficio responde sin dudar: posiciones, plazos exactos, tráfico concreto. La tercera: «¿Qué te haría decir que mi caso no te conviene?». Es una manera de comprobar si el profesional tiene criterio para rechazar proyectos.
Me piden a menudo que dibuje un calendario de resultados. Lo entiendo: es natural querer saber cuándo se notará la inversión. Pero no voy a inventarte un calendario con porcentajes y fechas, porque no existe uno honesto que valga para todos. Lo que sí puedo describirte es la secuencia habitual de acontecimientos, sin cifras.
En las primeras semanas lo normal es dedicarse a entender, diagnosticar y priorizar. Se detectan los problemas técnicos más importantes, se revisa la estructura de la web y se decide qué contenido es prioritario. Aquí todavía no se esperan efectos visibles en tráfico; lo que se espera es claridad.
A continuación llegan los cambios: arreglar lo que estorba, mejorar o crear las páginas que responden a las búsquedas de tus clientes y reforzar el enlazado interno. Algunas mejoras técnicas se reflejan pronto en Search Console, por ejemplo en forma de menos errores o más páginas rastreadas; otras tardan más en traducirse en visibilidad.
Con datos de varias semanas, se compara con el punto de partida: qué ha mejorado, qué no y qué se ha aprendido. Algunos cambios funcionan, otros no, y la decisión de qué hacer a continuación se basa en esa evidencia. Este ciclo se repite.
El SEO no es un proyecto que termine y se olvide. Las webs cambian, los competidores también, y los buscadores evolucionan. Una vez estabilizado lo importante, el trabajo pasa a ser de mantenimiento y de crecimiento gradual, con revisiones más espaciadas.
Si un profesional te asegura plazos cerrados y resultados concretos desde el primer día, recuerda la advertencia oficial de Google sobre las garantías. Un calendario de tareas sí es razonable pedirlo; un calendario de posiciones, no.
Si puedes marcar al menos la mayoría de estos puntos con un sí sincero, estás en buena posición para empezar. Si no, ve resolviendo lo que falte antes de comprometerte con nadie.
Hay un asunto práctico que muchos negocios descuidan y que luego genera problemas: quién es el propietario de cada cuenta y de cada documento. Te cuento mi criterio, porque evita conflictos y protege a las dos partes.
Este punto enlaza con una advertencia de Google: la responsabilidad última de lo que se haga en tu web es tuya. Cuanto mejor controles las cuentas y la documentación, más fácil será ejercer esa responsabilidad.
Cambiar de profesional no es un fracaso, es una decisión de gestión. Hay señales que indican que quizá toca replantearse la relación. Te las cuento con la idea de que las apliques también a mi trabajo.
Si te ves en alguna de estas situaciones, empieza por hablar claramente con el consultor. Un buen profesional agradecerá la franqueza y propondrá cómo corregir el rumbo. Si no hay respuesta satisfactoria, pide la documentación, revoca los accesos y valora un diagnóstico independiente antes de decidir.
Una última reflexión. El SEO es una pieza más de la forma en que un negocio consigue clientes. No sustituye a una buena oferta, a un servicio atento ni a una web clara. Cuando alguien me pregunta si el SEO le conviene, suelo plantearle cuatro cuestiones previas.
Si quieres explorar alternativas o complementos, más adelante tienes en el blog comparativas sobre SEO y otras vías de captación de clientes. Mientras tanto, si lo que te preocupa es el estado actual de tu web, una buena primera acción es la auditoría SEO, porque te da datos para decidir con criterio.
También puedes leer mi guía sobre cómo conseguir clientes por internet sin depender de anuncios, que pone el SEO en contexto con otras formas de atraer clientes.
Contratar a un consultor suele implicar a más gente: un socio, un responsable de marketing, quien lleva la web o quien aprueba el gasto. Una buena preparación interna evita tensiones y acelera el proyecto. Estas son las ideas que yo recomiendo trasladar.
Empieza por describir lo que ocurre: «recibimos menos consultas desde Google que hace un año» o «nuestros competidores aparecen y nosotros no». Cuando el equipo entiende el problema, es más fácil que acepte las medidas, aunque impliquen cambiar cosas de la web o dedicar tiempo a contenidos.
Un proyecto de SEO falla muchas veces por algo tan simple como que nadie responde a tiempo. Define quién da los accesos, quién aprueba los cambios, quién redacta o revisa los textos y quién atiende las dudas del consultor. Cuando eso está claro, el trabajo fluye.
Antes de empezar, decidid qué indicadores miraréis y con qué frecuencia. Así evitas discusiones posteriores del tipo «yo esperaba más». Recuerda que se trata de una colaboración continuada y que los efectos pueden tardar en ser visibles, por lo que conviene acordar también qué indicios intermedios se considerarán buena señal.
Si alguien en tu equipo ha oído que «con SEO se sale primero en dos semanas», es mejor desmontarlo cuanto antes con la documentación oficial en la mano. La propia Google recuerda que nadie puede garantizar un primer puesto. Esa frase, citada con calma, suele bastar para centrar la conversación.
Anota lo que se decide en cada reunión: qué se hará, quién lo hará y cuándo se revisará. Es una práctica sencilla que ahorra malentendidos y que, además, te permite medir con claridad qué cambios han dado resultado y cuáles no.
Con estos cinco pasos, la decisión de contratar deja de ser un acto de fe y se convierte en un proyecto gestionado, que es como debería tratarse cualquier inversión de negocio.
No necesariamente. Depende del tamaño y la complejidad de tu proyecto, de lo que quieras externalizar y de la confianza que te dé el profesional. Un freelance ofrece trato directo y flexibilidad; una agencia, más capacidad y varios perfiles. Lo importante es la claridad del alcance, no el formato.
No. Google lo dice expresamente: nadie puede garantizar el primer puesto, y si alguien lo hace, la recomendación oficial es buscar a otra persona.
Los mínimos necesarios. Para una auditoría, acceso de solo lectura a Search Console y a la analítica. Los accesos de escritura o al servidor deben concederse solo con un acuerdo claro y con explicación de cada cambio.
Depende del punto de partida, del sector y del tipo de cambios. No existe un plazo fiable aplicable a todos los casos, y desconfío de quien lo ofrece. Lo razonable es acordar indicadores intermedios y revisarlos de forma periódica.
Depende de la naturaleza del trabajo. Un diagnóstico puntual encaja con un proyecto cerrado; un acompañamiento continuo, con una colaboración periódica. Lo esencial es que el alcance y los entregables estén claros por escrito.
Una parte, sí. Google sugiere que en negocios locales pequeños puedes hacer buena parte del trabajo tú mismo, empezando por su guía de inicio. Un consultor aporta criterio, priorización y ahorro de errores.
Pídele nombres de clientes con los que hayas podido hablar o casos que pueda explicar en detalle. Pregunta qué se hizo, cómo se midió y cómo fue la comunicación. Contrasta además sus recomendaciones con la documentación oficial.
Pide un informe de los cambios realizados, revoca los accesos que no sean imprescindibles y solicita una reunión para aclarar el alcance. Si sigue sin haber claridad, un segundo diagnóstico independiente puede ayudarte a decidir.
El SEO busca visibilidad en buscadores tradicionales; el GEO, en las respuestas generadas por asistentes con inteligencia artificial. Se complementan. Si quieres profundizar, tienes mi artículo sobre qué es GEO.
Contratar a un consultor SEO freelance puede ser una gran decisión si eliges con criterio: pide referencias, exige transparencia, define objetivos, concede los accesos mínimos y desconfía de las garantías de posición. Y, sobre todo, recuerda que eres tú quien responde de lo que se haga en tu web, tal como señala la propia Google.
Si quieres que revisemos juntos tu situación, mi propuesta es sencilla: empezamos con una conversación y una auditoría gratuita para que veas, con datos de tu propia web, dónde estás y qué tendría sentido hacer, sin compromiso y sin promesas imposibles.
Auditoría gratuita
Solicita tu auditoría gratuita escribiendo a ecommerce@angeldelsoto.com o llamando al +34 666 28 88 80.
Puedes ver cómo trabajo en la página de servicios de SEO o escribirme directamente desde la página de contacto. Gracias por leerme. — Ángel del Soto
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